Primero fue la piel, su piel, mi piel. Dejamos de tocarnos, de sentirnos, de besarnos. Así dejé olvidadas cada mano, como si nunca las hubiera tenido. No las sentía ni las quería, inútiles artefactos que sólo servían para estorbar. Después los ojos, primero uno, después el otro. Alguna que otra mirada todavía se cruzaba en algún rincón de la cama. Pero cada vez fueron menos, cada vez más cuadros, más ventanas, más paredes, cada vez más ciegos. Y así se me fueron yendo, una pierna, una espalda, los dos pies. Dejó de hablarme, perdí la boca. Ya no quedaban más cuerpos. Solo compartíamos el mismo silencio. Todavía éramos silencio. Ya no había rastro de aquello que alguna vez habíamos sido. De a poco hubo un Yo, solo un yo y el, un extraño. Me dejó sin casa, sin nombre, sin mi. Una completa incompleta que no sabía a dónde ir. El se marcho, aunque ya estaba lejos desde antes. Ya no éramos silencio, no éramos nada. No había nada.
Desaparecí por unos años, no fui nadie, no fui yo. Esperé junto a mi sombra apagada a ver si volvía a nombrarme pero ya no recordaba ni mi propio nombre. Inútil esperar sin saber que esperaba. Tenía la sensación lejana de haber sido algo, de haber sido alguien pero la sensación no bastaba para recordar mi cara. Buscaba espejos que me reflejaran pero no había nada solo el tenue recuerdo de haber sido dos y terminar por ser nada.
Estuve vagando un tiempo como alma transparente, nadie me nombraba, nadie me veía. Parecía un muerto que nadie lloraba, una música que nadie escuchaba. Parecía nada.
Con el empezamos siendo silencio…
Primero fue la piel, su piel, mi piel. Empezamos por tocarnos, por sentirnos por besarnos. Volvieron mis manos después los ojos. Lo ví esquivar cuadros, ventanas, paredes hasta llegar a verme. Tuve dos piernas, una espalda y dos pies. Aprendí el abecedario cuando me devolvió la voz. Volví a tener un cuerpo, una casa, un mundo. Volví a ser el yo del tu que alguna vez había sido. Era otro cuerpo, era otra casa y era otro nombre. Pero tuve nombre y fui yo. Cuando lo llamé fue el. Fui yo gracias a él, fue el gracias a mi, sintiendo que antes no había sido nada, sintiendo que antes había sido otra.